23 diciembre 2008

DUERME MI AMOR

C

laro, era ineludible. Esta vez no ha hecho falta ni que René me llame a capítulo. Me toca. Casi estamos en Nochebuena. No, no me haré la remolona. No me gusta la Navidad ni sus fastos y boatos pero me gusta, y mucho, la música que se creó para celebrarla.

Quizá recordéis que en mi presentación dejé unos cuantos flecos biográficos por rematar. Con todo, Le Croissant ya se encargó de desvelar alguno... Aunque mi edad no es precisamente avanzada, en algunos aspectos me ha tocado vivir deprisa. No me extenderé mucho en lo tocante a mi infancia y mis padres pues os aseguro que nada se pierde por no hablar. Os bastará con saber que por huir del ambiente familiar me refugié en la Iglesia; más concretamente, tras las tapias de un convento. Estaba convencida de mi vocación y quería de veras cambiar el mundo. Visto con los ojos de ahora, casi mueve a sonrisa por la ingenuidad de que hacía gala, pero os aseguro que creía en ello a pies juntillas. Para mi desgracia y con mi poca tendencia a plegarme a las normas, di con una maestra de novicias rigurosa, mandona y rígida en lo que a cumplimiento de preceptos se refería. Según ella, mis faltas de respeto y acatamiento a la Regla, así como mis desobediencias, eran continuas. Me castigaba con dureza y yo siempre he llevado mal el palo y tentetieso. Un buen día, tras un castigo cruel y excesivo sobre el que no vale la pena extenderse mucho, decidí tirar por la calle de enmedio y volver al mundo real.
No me creáis tan casquivana y frívola como piensa René, ni mucho menos tan señoritinga como me considera Genaro. Me metí en problemas, como casi todos. Saqué cosas positivas de ellos, como casi todos. Y la música fue siempre la que me ayudó, si no a resolver, sí al menos a esquivar como buenamente podía los primeros y a darle forma, aunque torpemente, a las segundas.

Pero con todo mi descreimiento actual a cuestas, de aquella larguísima etapa guardo un gusto especial por el tema de la Natividad o el de la Epifania. Acostumbro a pasar horas y horas delante de cuadros de Vírgenes con Niño o Adoraciones de los Magos y me pirran los belenes. No esos de ahora, comprimidos en bombillas o cacharros de barro, reducidos a un apretujadísimo Misterio donde ni la mula ni el buey caben. No, no. Hablo de belenes extensos y barrocos, a la napolitana. Diseminados a lo largo de metros y metros de falso musgo, con sus casas de corcho, el castillo de Herodes, el riachuelo de papel de plata y los polvos de talco a modo de nieve. Con castañeras bigotudas, ovejas, perrillos, cerdos, gansos o gallinas. Y con la posada, el molino y el portal. Cientos y cientos de figurillas en miniatura, enmarcadas en un paisaje irreal y envueltas en papel de plata azulado, lleno de estrellas a cual más enorme.

Por esa razón hoy os traigo una pieza del Oratorio de Navidad de J.S. Bach, especialísima para mí. Podríamos hablar largo y tendido sobre el tipo de composición, la tonalidad empleada y los paralelismos y autoplagios que contiene pero, seguramente, le quitaríamos todo el encanto. Además, yo tampoco soy la persona más indicada para hacerlo, os lo aseguro. Cedámosle el honor de los datos técnicos a otras bitácoras y dejémonos llevar simplemente por la canción de cuna que una madre recién parida le dirige a su niño. Sigamos ese cordón finísimo, mucho más sutil y poderoso que el umbilical, que sigue uniendo a dos seres profundamente necesitados el uno del otro. Y escuchemos a la Virgen cantar sottovoce:

J.S. Bach. Oratorio de Navidad. Cantata 2ª - "Schlafe mein Liebster".
Janet Baker, contralto.
Academy of St. Martin-in-the-Fields - Philip Ledger.


© EMI 1977




Schlafe, mein Liebster, genieße der ruh,

Wache nach diesem vor aller gedeihen!
Labe die brust, empfinde die lust,
Wo wir unser herz erfreuen!

Duerme mi amor, disfruta de tu sueño.
Ya velarás por la salvación de todos.
¡Alegra el alma, experimenta el gozo
allá donde nuestro corazón se regocija!



Es inevitable durante estos días llenarnos de buenos propósitos para con nosotros y mejores deseos para los demás. No se pueden eludir por más que uno lo intente. Ni yo lo pretendo. No me resistiré entonces a ellos.

Para los creyentes pues, que la fuerza de su religión os dé energía y os conforte. Para los descreídos que, al menos, la belleza os envuelva y aprovechéis para disfrutar de amigos y familia. Estoy segura de que, a unos y otros, la música os alegrará el ánimo y os llenará el espíritu de serenidad y armonía.

Y que la magia de Bach esté con todos nosotros...

(Clic para ampliar. Merece la pena)
Imagen 1: Anónimo flamenco s. XV. Musée des Beaux Arts de Bruselas. Foto Paz Juan
Imagen 2: Belén napolitano (detalle). Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Foto Ars Summum

3 comentarios:

Freia dijo...

¡Ay querida! No puedes ni imaginar lo que me he acordado de ti esta tarde/noche. Mejor dicho, de esta entrada...
Madrid. Auditorio. Oratorio de Navidad de JS Bach. Nada de sólo 4 cantatas como es habitual; no señor: el completo y a cargo de la orquesta y coros de la Comunidad. Público que va pensando: "¡Oh, qué bien, Bach; qué bonito!" y a los 15 minutos, tose, se mueve, charla, abre el bolso, mastica caramelos... No sé si me entiendes.
Bien la parte orquestal (especialmente los instrumentos que doblan a cantantes: oboes, flauta, trompas, trompetas, cellos) y, desde luego, mejor que la coral. De ésta, mucho mejor el coro que los solistas; entre estos últimos, mejor ellos que ellas. Ellas, francamente pachuchas querida y con un timbre gallináceo desabrido y algo chirriante.
Al llegar al Schlafe mein Liebster es cuando me he acordado de ti y de tu versión de Ledger ¡Qué manía de sustituir contraltos por contratenores y mezzos! Se van a convertir en una especie a extinguir. Si bien en el primer caso existiría una justificación historicista, en el segundo yo no le encuentro motivos por ningún lado... Y la mezzo se queda muy, muy cortita... amén de algunos arrepíos de gallina clueca que me han hecho añorar mucho tu versión de la Baker.
Sigue así querida. Esta bitácora tiene una gran virtud: no carga tintas en datos técnicos como tú dices... Y se está convirtiendo en un refugio agradable donde el placer de escuchar está por encima de cualquier otra apreciación.
Por cierto, me alegro de que hayas cambiado el título de la entrada: creo que ahora la traducción es más acertada. Desde mi punto de vista, "mi amor" es más apropiado para un niño que "amor mío"
Saludos y déjate ver más a menudo querida que la pereza no debería adornar a quien paso tiempo bajo la disciplina de un convento.

Le Croissant Musicien dijo...

Bien cierto que la música es un cordón (seguramente no finísimo) que une a los padres con sus hijos. Es una bella manera de transmitirles sentimientos bellos.

La señora esa que ha comentado antes ¿no se habrá metido en un gallinero por error?

Un beso.

sigfried und der niflungen dijo...

Schlafe, mein Liebster, genieße der ruh,...justo a la piltra nos vamos ich y los enanitos, después de escuchar esta preciosa pieza( lo que se aprende con Ud., condesa...quiero decir, Santa madre...)
un abrazo y muchos kussen, meine liebling