08 abril 2009

Culebrón de Pasión

A Enrique Ignacio Francisco hay dos cosas que le encantan. Vivir y beber. O como a él le gusta decir, en un desafortunado juego de palabras, le gusta viber. Y también le gusta María Verónica del Rosario. Pero su amor no es correspondido. María Verónica del Rosario le da largas. ¡Más que largas! Le está llevando por el mismísimo camino de la amargura. Y él se siente flagelado por esa indiferencia. Inmóvil. Como atado a una columna. Reconoce que ese amor imposible es como sentir espinas clavadas en su cabeza. O lo que es peor, como una lanzada que atraviesa su costado.
Su madre, doña Ascensión de los Dolores, ya se lo dice: "No pienses más en ella. Mira cómo estás… Deja de llorar como una magdalena. Qué pinta tienes… Deberías cuidarte, estás hecho un ecce homo. Venga, Enrique Ignacio Francisco, levántate y anda. Vete con tus amigos. Tienes una cena con ellos y tal vez sea la última."
Pero él no reacciona. Hace tiempo que su vida se ha convertido en un auténtico vía crucis.
Insiste. Pero María Verónica del Rosario se hace la tonta. Se anda por las ramas (de un olivo) sin decirle si sí o si no. Él pide que tenga piedad, que no sea tan dura. Que esa falta de amor es una cruz muy pesada de llevar. Y ella se niega a corresponderle. Una, dos y hasta tres veces.

Pero lo que realmente le duele es que María Verónica del Rosario se deje ver con su amigo Pedro Tadeo Simón retozando por el monte (con olivos o sin ellos) y éste también se lo niegue hasta tres veces. Es más, que Pedro Tadeo Simón haya comprado el silencio de sus amistades a cambio de unas monedas y que éstos acepten y se laven las manos, lo ha acabado de hundir. Esa traición no la puede entender. Aquello se ha convertido en un calvario que acabará crucificándolo para siempre.

Heinrich Ignaz Franz Biber - Mysterien Sonaten (Sonatas del Rosario)
X. La Crucifixión
Alice Piérot, Les Veilleurs de Nuit

© ALPHA 2003


4 comentarios:

La Virgen Sobrecogida dijo...

Mira que me duele reconocerlo jefe, pero me ha encantado la entrada. Algún sesudo crítico se mesaría los cabellos de ver el juego que te han dado las Sonatas del Rosario, scordatura incluída. Si la señora madre de Biber hubiese ni remotamente sospechado que los nombres impuestos a su hijo iban a convertir a éste en protagonista de un culebrón a la venezolana, seguramente lo habría librado de semejante penitencia.
Y fíjate si me ha gustado que hasta te perdono, Monsieur Croissant, que te hayas metido en territorio de mi exclusiva competencia. ¡Hala! ¡Viva la Virgen! Como no tienes suficiente campo a explorar con la música profana, me "robas" una de esas piezas de música sacra sobre las que a esta modesta Sobrecogida le habría encantado escribir. Porque eres mi jefe y porque se trata de Biber... Pero ¿cómo era aquello de la venganza y el plato frío?, dicho así, sin la menor acritud.

Pablo J. Vayón dijo...

Juassss.............

Freia dijo...

Mon cher Croissant. No me haga Vd. esto. Esta condesa se estaba preparando para las solemnidades de Semana Santa y casi se cae de la silla del ataque de risa.
Jajajaja, Enrique Ignacio Francisco... ¡cómo se las gastaban las madres bohemias a la hora de poner nombres.
Lo del revolcón en el monte de los olivos... impagable.
Lo que yo digo: le prefería a Vd. en otros blog más livianos. Con esta calidad me va a quitar los pocos lectores que me quedan.
Mille bisous mon cher ami

Le Croissant Musicien dijo...

Sobrecogida, gracias por perdonarme en mi propia casa. Solamente con ver el nombre del compositor la cosa vino sola. Y aunque sean terrenos de otros, por si acaso, mejor no dejar pasar la ocasión.
No te quejes mucho, en esta semana has tenido (y tienes) material para dar y tomar. Así que menos quejas y a escribir algo.

Besos.

Pablo, espero que sea una risa poco crítica.

Un saludo y bienvenido.

Freia, no me diga usted que mi entrada no es una solemnidad. Es más, yo diría que es una solemne majadería.
No me cambie las palabras. En ningún momento he hablado de revolcón en el monte de los olivos. Yo he usado la palabra retozar. Como todo el mundo sabe, según el DRAE en su quinta acepción, en Méjico retozar es "Hacer ejercicios ecuestres". Eso es lo que hacían María Verónica del Rosario y Pedro Tadeo Simón en el monte.

Beso su mano.