25 mayo 2009

Suite para cello y tormenta

Estaba haraganeando. Mirando por la ventana cómo el cielo oscurecía. Me encontraba en un estado de laxitud inmensa. Y las nubes cada vez eran más negras y prietas.
En mi interior la paz. En la calle anunciaba tormenta.

Por fin me decido a hacer algo. Escuchar música. Es lo que menos esfuerzo me requiere y no tengo ganas de grandes trabajos. Algo de clásica. Música que acentúe más, si cabe, mi estado de relax absoluto. En los altavoces empiezan a sonar las suites de cello de Johann S. Bach. Y en la calle comienza la tormenta. Una mezcla extraña. La delicadeza del cello y la rotundidad de los truenos. Extraña pero sugerente.

De pronto siento una necesidad inmensa de darle vida a mi cuerpo. Necesito salir a la calle. Que la lluvia me empape mientras suena la música. Un contacto pleno con la Naturaleza. Agua y música. Lo necesito.
Bajo a la calle. En el mp3 suena una y otra vez el preludio de la primera suite. Un auténtico preludio a lo que se avecina. Las primeras notas parecen negros nubarrones que quieren escapar de la alambrada que los encierra. Las siguientes acompañan a las primeras gotas que caen en mi rostro. Un ligero impasse musical parece decirme que la tormenta va a acabar. Pero no. El arco cada vez hace sonar las notas con más fuerza y eso hace que la lluvia caiga con más fiereza.
Mi cuerpo empapado pero liberado. Liberado de pereza. Liberado de castigos. Liberado de tormentos que no de tormentas. Liberado de mí.

Vuelve a comenzar la suite para seguir acompañando a la tormenta. O tal vez sea ésta la que acompañe a las notas que llueven sobre el diapasón del cello. Una lluvia que un dios creo para que un húngaro genial las interpretara magistralmente.
Paseo por las calles con el cuerpo empapado de música. Desde el ventanal de una cafetería de barrio un gallo me dice que sí. Que entre. Que un café bien cargado no me vendrá mal.
En el interior tormenta de cuarenta en bastos y carajillos. Y la suite sigue sonando. El preludio ha dejado de serlo, y aún siéndolo, se convierte en la única música de una pieza interminable.
El café se mezcla con las semicorcheas y adquiere el delicioso sabor de lo prohibido.
-¡Arrastro!- A mis espaldas.
Como la lluvia. Que arrastra las inmundicias de la calle y de mi interior.
El gallo, desde su posición privilegiada, observa la tormenta. Y me observa a mí. Creo que me entiende al igual que yo no lo entiendo a él.

Y la tormenta vuelve a retomar una fuerza inusitada. La misma que las notas que la acompañan. Y el preludio se repite una otra vez. ¿Y van? Creo que la tormenta no acabará hasta que la música perezca. O viceversa. Han llegado a fundirse. Una forma parte de la otra. O las dos forman parte de un algo indivisible. Música y agua. Naturaleza.

De pronto la música para. La tormenta también. Mi mp3 se ha quedado sin batería. La Naturaleza sin fuerza para crear más lluvia, más rayos, más truenos en sol mayor.
Cierro mi libreta. Salgo a la calle. El gallo se despide sin hablar ni moverse. El aire está húmedo y limpio. Mi alma serena y relajada.
Vuelve la laxitud.

Johann S. Bach - Suite para cello en Sol mayor, BWV 1007: Preludio
János Starker, cello

© RCA 1992

El bar El Gallo no es el Café Gijón ni le Café de Flore. Pero en días de tormenta y música, da agradables sorpresas.

Foto: Angel Adanero.

7 comentarios:

Mega dijo...

Bravo, Croissant-Adanero. Convencida estoy de que a Freia le va a sobrecoger tu bello texto sinestésico.

Y felicidades. ;-)

Le Croissant Musicien dijo...

Mega, my name is Sant. Crois Sant.
No fue intención hacer un texto sinestésico. Simplemente me he limitado a contar algo tal cual ha ocurrido. En esta ocasión en la bitácora que nada es lo que parece, todo es realidad. ¡Hasta el gallo!

Gracias por la felicitación.

Un beso para ti y un abrazo para la tal Gemma. O como toque hoy.

RGAlmazán dijo...

Oiga Crua, me ha gustado la entrada sinestésica. He puesto la música en la ducha y subía y bajaba en intensidad de acuerdo a la música cheli y la verdad es que me he visto de lleno en la tormenta.
Acabo de concectar la alcachofa de la ducha con el parato de la música. Y cada vez que la abra, sonará el chelo de Bach. Y es que no hay nada como una tormenta dentro de casa.

Salud y República

Le Croissant Musicien dijo...

RGAlmazán, lo de música cheli me ha llegado al alma. Espero no entre por aquí su querida y adorada condesita porque mucho me temo se vaya a agarrar un cabreo de los buenos al saber que a la música de su amado Bach la denomina usted de esa manera.
Tenga cuidado que las tormentas caseras a veces acaban muy mal. Aviso.

Dese por saludado.

fritus dijo...

Mesié San,... Crua-San ( si no fuerá gabacho, ...parece haponé) Por un momento, antes de llegar a la firma he podido leer..."En mi interior la paz..."y he pensado para mis adentros que era un texto de la Virgen sobrecogida ...pero no, era un texto de un señor que juega al tute con el MP· puesto...¿ pero esto que es lo que es...hombre??!!. Al tute se juega con boina en invierno, y en verano, como mucho, se permite licencia de boina, pero un mptrese desos,no...

En fin, que siga ud hablando con los gallos que vamos bien...lo próximo va a ser ver a la virgen,..y no me refiero a su compañera de blog.

Hale...hasta otra.

fritus dijo...

perdón mp3 y no MP·..se maío el teclao

Le Croissant Musicien dijo...

Fritus, siempre me han dicho que tengo los ojos ligeramente achinados. Lo que no le voy a decir es en qué estado me puedo encontrar cuando me lo dicen.

Que conste que yo no jugaba al tute. Eran los paisanos que poblaban el bar. He de decirle que no me gustan nada los juegos de cartas, requieren cierta retentiva mental y capacidad de cálculo para las que no estoy nada dotado.

Hoy volví a pasar junto al gallo. Me sigue mirando raro. Justamente cuando tengo los ojos achinados es cuando no descarto que se me aparezca la virgen en cualquiera de sus formas y advocaciones.

Un saludo.